El Poder de las Historias

May 22, 2019

Our world and our identities are made up of stories-- the stories we live, the stories we tell ourselves, the stories we share. This blog post was written by one of our current Rehearsing Change students, Lily Fornof, and is a reflection on her experiences telling, listening to, and exchanging stories, both before and during her time here in Ecuador. Thanks for sharing Lily!

 

(As a multi-lingual organization, it is important to share blog entries in Spanish, like this one. Don't speak Spanish? Copy-Paste into Google Translate and you get a very understandable version.)

 

 

Siempre he contado historias. Era un ritual cotidiano contarle a mi gemela las historias de mi día. Pasábamos cada tarde narrando los eventos del día. Ahora cuando nos vemos, tenemos más historias que tiempo para contarlas, y pasamos semanas solas hablando de nuestras vidas. En la universidad, aprendí cómo vivir sin contar cada historia. No tuve a mi gemela, que conocía todas mis historias, antiguas y nuevas. En el inicio, me ponía triste, sentí que no podía contar mis historias como estaba acostumbrada. No es común tener una gemela, una persona que ya conoce todas tus historias y con quien el único tema de conversación que existe es el de  las historias del día. Vivimos en un mundo donde cada persona viene con un montón de sus propias historias. Algunas que han formado a la persona y otras que han servido como el material para construirla. Nunca podemos contar todas nuestras historias. Nuestra memoria no es suficiente, nuestras bocas no tienen suficiente energía, y nuestra audiencia no tiene un período de atención infinito. Pero no nos tenemos que sentir tristes por este hecho. Parte de ser un humano es elegir cuáles historias queremos usar para definirnos y qué estilo artístico aplicamos para contarlas.  Esto es cómo podemos conectarnos con varias personas, porque cada relación requiere historias diferentes. La capacidad de elegir tus historias para re-escribir tu propio personaje es poderosa. Refleja el poder que tenemos de definirnos. Si quiero encarnar las partes de mi personalidad más aventureras, cuento las grandes aventuras de mi vida. Para ser una Lily exitosa, puedo narrar mis éxitos. Pero no cambio mi personalidad para las personas.

 

No elijo mis historias para manipular cómo me ven los demás. Esto es por dos razones. Primero, creo que cada persona tiene una conexión fuerte a cada una de sus historias. Sentimos el impulso de contarlas, y a veces no tenemos el control para reflexionar sobre si esta historia nos pinta con la personalidad que queremos mostrar. La segunda razón es que contar nuestras historias es estar en una conversación. Compartir historias es un intercambio con él que escucha. Queremos compartir las historias que se parecen a las historias de los otros en la conversación. Construimos colecciones de historias en nuestras conversaciones. Puede ser que cada persona cuenta una historia chistosa de su niñez o la conversación está llena de historias de nostalgia. Muchas veces no vemos cómo las historias que contamos construyen y reflejan nuestras relaciones con otros. Cuando aprendemos a contar historias, aprendemos cómo escucharlas también. Aprendemos sobre la belleza del intercambio de nuestras experiencias.

 

Este intercambio es una parte integral de ser un ser humano. Pero, los seres humanos somos criaturas egocéntricas, como cualquier animal. A veces, pensamos tanto en que historia vamos a recitar que nos olvidamos de escuchar a las historias de los demás. Como niños aprendemos que es respetuoso escuchar cuando alguien está hablando.  Sin embargo, estudiamos eso como si fuera un deber. No pensamos en todo el conocimiento que perdemos cuando no escuchamos. No pensamos en cómo cada historia nueva es una conexión nueva. Nos vinculamos cuando escuchamos y contamos las historias, y no podemos lograr este vínculo si no hacemos las dos cosas. Tenemos que recordar que ya conocemos nuestras propias historias, y por eso no tenemos que enfocarnos en ellas cuando hay nuevas historias para escuchar.

 

 He pensado en el poder de las historias durante todo el semestre. He aprendido más sobre mi comunidad, sobre Ecuador, y sobre mis amigos en nuestros intercambios de historias. Pero, en nuestra clase de narración, he sentido y encarnado el poder de escuchar a las historias de otras personas. Durante la clase, representamos las historias de Tzawata con obras de teatro. Usamos nuestros cuerpos y símbolos para personificar las historias de la comunidad. Como una extranjera, me di cuenta que no son mis historias, pero necesito sentirlas y representarlas como si las fuesen. El poder de esta experiencia es inmenso. Para muchos actores, es común actuar como otra persona y contar las historias que no son suyas. Sin embargo, ellos no actúan en y con la comunidad que vivieron esas historias. Tener la oportunidad de contarlas con la comunidad misma es compartir sus historias de una manera íntima. Y aún así, puede ser duro. A veces me siento incomoda o como un fraude, pero debo seguir. Porque estas historias no son mías y no he vivido con estas historias en mi sangre o en mi familia. No he luchado o sentido estas historias como la comunidad lo ha hecho. Pero estoy haciendo un intercambio de historias bien poderoso. En la clase, no estoy simplemente escuchando, estoy empatizando. Estas historias no van a ser nunca mías, pero poder contarlas con los jóvenes en la clase construye conexiones. Nuestras relaciones nacieron de las historias que hemos compartido, y han sido fortalecidas por nuestra capacidad de recitarlas juntos.

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